Todos los que vivimos en sociedad aceptamos que hay reglas. Le concedemos a un estado que establezca leyes, otorgue derechos y asegure un sentido de estabilidad. Desafortunadamente, el estándar no es el mismo en cuanto al consumo y el medio ambiente se refiere.
Para la República Dominicana los retos ambientales son numerosos, y cada día se vuelven más evidentes. Al vivir en una isla en el Caribe, estamos sumamente expuestos al cambio climático y sus efectos.
El gobierno tiene un rol claro para afrontar estos retos, ya sea impulsando leyes, otorgando incentivos o contribuyendo con dispositivos que faciliten estas prácticas ambientales sostenibles. Pero también las empresas y cada uno de nosotros como individuos jugamos un rol crucial.
La crisis climática y sus consecuencias negativas son materias que todos debemos abordar, cada uno desde su escala.
Por suerte, en los últimos años las prácticas se han ido regulando y la necesidad de establecer reglas para preservar el medio ambiente es cada vez más necesario. No tenemos un planeta B, así que la sostenibilidad es la que ha de marcar el rumbo de los países, empresas y familias.
Un claro ejemplo de estos avances es la legislación sobre el tratamiento de residuos sólidos, que finalmente se ha aprobado en el país tras muchos años de debate. Esta ley, además de controlar el manejo adecuado de los desechos, abre la puerta a nuevos modelos de negocio sostenible que crearán empleo.
Como con cualquier nueva modalidad de hacer las cosas, es importante que entendamos el propósito de contar con una robusta legislación ambiental.
Este tipo de legislaciones funcionan para garantizar la transparencia y el respeto de los derechos de cada uno de los agentes implicados, ya sea una empresa, país o individuo.
Pero no solo eso, también son un poderoso instrumento de sostenibilidad, porque establecen los requisitos mínimos comunes que toda organización debe cumplir y aplicar en su gestión para evitar afecciones al medio ambiente y a la salud de las personas: por poner un ejemplo que afecta a las poblaciones en las grandes urbes y al sistema sanitario de los países, nos podemos referir a la necesidad de medir y garantizar calidad del aire que respiramos.
Gracias a una correcta legislación medioambiental, las empresas pueden verse obligadas legalmente a adoptar y ejecutar medidas de prevención, evitación y reparación de los daños medioambientales que generen, sin importar el costo, en beneficio del planeta y sus habitantes, comenzando por sus propios empleados.
En resumen, el propósito es que se regule cada aspecto del uso de los recursos naturales, territorio, suelo y límites de contaminación. Solo de esta forma podemos mantener una vida en salud para el mundo y para nosotros.
Según explica en este episodio del pódcast Popular Talks la experta en legislación ambiental Romina Santroni, asesora legal de ECORED y fundadora del bufete Santroni Parsons, el concepto de sostenibilidad en cualquier proyecto debe incluir tres ámbitos esenciales:
1. Lo social. Esto implica cuidar el bienestar y la educación de los empleados, tener una buena relación con la sociedad y que la comunidad que lo rodea reciba un impacto positivo.
2. Lo económico. Es esencial que el negocio sea rentable, de forma sostenible, para que pueda abordar esta realidad.
3. Lo ambiental. Se debe establecer un sistema de gestión ambiental. Esto implica acciones, ya sean grandes o pequeñas, que mitiguen o minimicen el impacto de la operación. Puede ir desde eficientizar el consumo de energía, hasta separar los residuos.
Precisamente, todo el proceso de adaptación al ámbito de la sostenibilidad requerirá de la incorporación de millones de profesionales en el mundo con conocimientos y habilidades que den respuesta al desafío verde.
Sin duda, los empleos y profesiones de futuro se orientarán al desarrollo sostenible, la economía circular y la preservación del medioambiente.
Esta tendencia se incrementará a lo largo de esta próxima década, de cara a poder cumplir con las metas de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Es más, según el Foro Económico Mundial, se generarán 395 millones de empleos verdes para ese año.
¿Cuáles serán los empleos verdes con mayor demanda?
1. Director de sustentabilidad
Es la persona responsable de las políticas ambientales de una empresa.
2. Arquitecto o constructor de edificios sostenibles
Es un empleo abierto para ingenieros, arquitectos, diseñadores y otros profesionales vinculados a la construcción sustentable de edificios.
3. Abogado medioambiental
Asesora a sus clientes en temas relacionados con la calidad del aire y el agua o los desechos.
4. Geocientífico
Estudia la composición de los suelos y los recursos naturales. Puede trabajar junto a científicos medioambientales.
5. Ingeniero medioambiental
Asesora a gobiernos y empresas privadas sobre las mejores formas de minimizar el impacto ambiental de sus proyectos.
6. Hidrólogo
Estudia la disponibilidad y la calidad del agua, recopila datos y formula planes para mejorar el recurso.
7. Científico medioambiental
Trabaja para agencias de gobierno, firmas consultoras o empresas, utilizando su conocimiento para la toma de decisiones que afectan al medioambiente, las personas o los animales.
8. Agricultor urbano
Utiliza o crea espacios verdes en lotes baldíos, patios traseros o azoteas de edificios para fomentar una agricultura urbana de proximidad, minimizando la huella de carbono.
9. Científico conservacionista
Recopila y analiza datos para ayudar a administrar parques y bosques y proteger el medio ambiente, evitando causar daño a las especies nativas, los suelos y el agua.
10. Planificador urbano
La mayor parte de los planificadores urbanos trabajan para los gobiernos. Es la persona encargada de diseñar programas de uso de la tierra para crear y expandir comunidades.
Sabemos que los empleos verdes serán una de las fuentes de generación de oportunidades laborales más importantes en los próximos años.
Para aprovechar esta ola, es necesario impulsar la educación continua en materia de sostenibilidad, que nos permita generar nuevas habilidades profesionales en torno a esta realidad, como el trabajo que se está haciendo desde la Maestría en Responsabilidad Social Empresarial y Sostenibilidad “Alejandro E. Grullón E.", iniciativa de la PUCMM y la Fundación Popular.
Queda mucho por aprender, pero nos espera también la satisfacción personal y profesional de estar aportando nuestro grano de arena a un mundo más justo y sostenible. Merecerá la pena y las futuras generaciones lo agradecerán.